| Serracapriola (Foggia)
Centro agrícola de la provincia de Foggia, Serracapriola se encuentra ubicado en un alto que domina desde la izquierda el curso inferior del río Fortore. Las primeras referencias al pueblo datan de 1046 y mencionan el nombre de Castelum de Serra.
Se conservan el grandioso castillo medieval de cuatro torreones, parcialmente remodelado, y la iglesia de San Mercurio, que guarda en su interior tablas de la escuela umbriano-marquesana del siglo XVI. Fue feudo - con dignidad de ducado - de los Maresca, diplomáticos napolitanos y duques de Serracapriola.
El convento, construido por encargo de la Patrona de Serracapriola y princesa de Molfetta, Andronica del Balzo, fue varias veces lugar de noviciado y estudio. Cerrado a raíz de las diversas desamortizaciones, se reabrió en 1886. La iglesia, hoy día también parroquia, construida al mismo tiempo que el convento, está consagrada a Santa María de las Gracias. E1 cuadro milagroso de la Virgen es del pintor Francesco da Tolentino.
La historia del Convento está ligada a la invasión de los Turcos. Éstos, tras saquear y arrasar el pueblo, también prendieron fuego al convento de los Capuchinos, irrumpieron en la iglesia y "destrozaron las imágenes sagradas. Uno de ellos echó mano de su alfanje y lo levantó hacia el cuadro de la Virgen, tan querido por el pueblo; acto seguido se subió encima del altar, descolgó el cuadro y lo arrojó al suelo; pero casi al mismo tiempo él también se desplomó, ya sin vida".
El convento, construido por encargo de la Patrona de Serracapriola y princesa de Molfetta, Andronica del Balzo, fue varias veces lugar de noviciado y estudio. Cerrado a raíz de las diversas desamortizaciones, se reabrió en 1886. La iglesia, hoy día también parroquia, construida al mismo tiempo que el convento, está consagrada a Santa María de las Gracias. E1 cuadro milagroso de la Virgen es del pintor Francesco da Tolentino.
La historia del Convento está ligada a la invasión de los Turcos. Éstos, tras saquear y arrasar el pueblo, también prendieron fuego al convento de los Capuchinos, irrumpieron en la iglesia y "destrozaron las imágenes sagradas. Uno de ellos echó mano de su alfanje y lo levantó hacia el cuadro de la Virgen, tan querido por el pueblo; acto seguido se subió encima del altar, descolgó el cuadro y lo arrojó al suelo; pero casi al mismo tiempo él también se desplomó, ya sin vida".
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