por fr. Francesco Colacelli
Hemos vivido otro “evento”, otro día más que hay con incluir en los libros de historia. Ahora los focos están apagados. Las videocámaras de las grandes televisiones han captado la caza a la nueva noticia bomba. Ríos de tinta que cuentan nuevas historias en periódicos y revistas.
Ahora, ¿qué queda en San Giovanni Rotondo del traslado del cuerpo del Padre Pío de la cripta del santuario de “Nuestra Señora de las Gracias” a la iglesia inferior dedicada al santo Capuchino?
Queda el Padre Pío, que continuará con su misión de interceder por la curación espiritual de una humanidad cada vez más enferma que corroe la sustancia.
Queda su invitación, dejado casi como testamento, poco antes de su muerte: “Yo estaré aquí, entre vosotros, más que antes. Venid a mi tumba. Antes, para poder hablar conmigo, teníais que esperar. Ahora, allí, soy yo quien os espera. Venid a mi tumba y recibiréis más que antes”.
Queda un lugar que llama, encanta y evangeliza. La iglesia inferior de San Pío de Pietrelcina, de hecho, se ha vuelto desde la misma tarde del 19 de abril, fuente de atracción para todos los devotos del Padre Pío. Lo buscan y lo encuentran igual...